jueves, 17 de diciembre de 2015


El machismo es difícil de definir, pero casi todos lo reconocemos. Las mujeres, sobre todo, lo experimentan en muchas ocasiones, aunque a veces creen que se trata de un problema personal de sus parejas, colegas o jefes. Tratan de justificarlos: “Es un poco brusco”, “Es muy exigente”, o bien, “Tiene un carácter muy fuerte”. Con frecuencia apelan a teorías psicológicas para explicarse las conductas de los hombres: “Es que tuvo un papá muy distante”, “Su mamá fue muy dura con el y por eso desconfía de las mujeres”, o “Tiene problemas de comunicación”. Y a veces concluyen, con una mezcla de humor y resignación: “Es que así son los hombres”

Quienes originan todos estos comentarios no captan cual es el problema. Piensan estar siempre en lo correcto, y se preguntan por que las mujeres no ven las cosas como ellos. Y exclaman con una risa perpleja: “es que nadie entiende a las mujeres”. Si se les habla del machismo, responden con sorpresa autentica: “Pero si yo no soy machista! Al contrario, creo que las mujeres deben estudiar y trabajar, y yo a mi esposa la dejo hacer todo lo que quiera”. Y, después de una pausa, añaden: “Claro, mientras no me falte al respeto” o “Mientras no descuide la casa”.

El machismo no significa necesariamente que el hombre golpee a la mujer, ni que la encierre en su casa. Se expresa de igual manera en una actitud mas o menos automática hacia los demás; no solo hacia las mujeres, sino también hacia los demás hombres, os niños, los subordinados. Puede manifestarse solo con la mirada, los gestos o la falta de atención. Pero la persona que esta del otro lado lo percibe con toda claridad y se siente disminuida, retada o ignorada. No hubo violencia, regaño ni disputa; pero se estableció, como por arte de magia, una relación desigual en la que alguien quedo arriba y alguien abajo.

El machismo es un conjunto de creencias, actitudes y conductas que descansan sobre dos ideas básicas: por un lado, la polarización de los sexos, por otro, la superioridad de lo masculino en las áreas consideradas importantes por los hombres.

Solemos pensar que el machismo solo se da entre hombres y mujeres, sobre todo en la relación de pareja. Pero es mucho mas que eso: constituye toda una constelación de valores y patrones de conducta que afecta todas las relaciones interpersonales, el amor y el sexo, la amistad y el trabajo, el tiempo libre y la política…. 

Este conjunto incluye la pretensión del dominio sobre los demás, especialmente as mujeres; la rivalidad entre los hombres; la búsqueda de conquistas sexuales múltiples; la necesidad constante de exhibir ciertos rasgos supuestamente viriles como el valor y la indiferencia al dolor, y un desprecio mas o menos abierto hacia los valores considerados femeninos. Asimismo, el alcoholismo, la violencia y la delincuencia probablemente puedan vincularse con el machismo, aunque por el momento no tengamos los elementos para establecer una relación causal exacta.

Un machismo menos invisible

Podríamos pensar que el machismo esta desapareciendo poco a poco, merced a los grandes cambios socioeconómicos y culturares de las ultimas décadas. La industrialización, la urbanización, la anticoncepción, la disminución de las tasas de fertilidad, el numero cada vez mayor de mujeres que estudian y trabajan y el feminismo han tenido un impacto indudable en las relaciones tradicionales entre los sexos.

De hecho, muchos hombres proclaman, con orgullo y perfecta sinceridad, que no son machistas. Pero su discurso queda desmentido por las realidades de su vida cotidiana. Por ejemplo, cuando uno de ellos afirma que “le permite”a su mujer trabajar o salir con sus amigas, no se percata, como tampoco ella en muchos casos, de que esta formulación sigue siendo esencialmente machista.

El machismo esta tan profundamente arraigado en las costumbres y el discurso que se ha vuelto casi invisible cuando no despliega sus formas mas flagantes, como el maltrato físico o el abuso verbal. Sin embargo, sigue presente en casi todos los aspectos de la vida cotidiana de hombres y mujeres. El machismo actual opera tras las aprariencias, en detalles que tal vez parezcan anodinos pero que revelan un juego de poder importante, detalles pequeños que conllevan consecuencias grandes.

La oposición entre hombres y mujeres

La postura machista no solo implica una supuesta superioridad masculina, en todas las áreas importantes para los hombres. Tampoco se limita a postular una serie de diferencias entre los sexos.  El machismo plantea una diferencia psicológica radical entre hombres y mujeres, a partir de la cual plantea roles exclusivos en todos los ámbitos. En este enfoque, las personas son aptas o no en ciertas áreas de estudio u ocupaciones, e incluso se permiten ciertas emociones y otras no, con base en su sexo y no en sus características individuales. Por ejemplo, según esta visión, los hombres no son capaces de cuidar a un bebe y las mujeres no pueden ser buenas ingenieras o directoras de orquesta.

El machismo plantea una lucha de poder entre los sexos en cuyos terrenos los hombres y mujeres, lejos de ayudarse, se estorban: no se permite vivir en libertad, actuar en forma espontánea ni desarrollarse en plenitud, porque unos y otras tienen ideas y expectativas sumamente rígidas acerca de cómo debe ser su contraparte. Ellos intentan moldearlas a su gusto, y desconfían de ellas si no lo logran, ellas, por su parte, los vigilan, los critican continuamente en intentan a su vez, reformarlos. Mas que diferentes, a menudo quedan atrapados en posiciones antagonicas. En esta dinámica, el machismo empobrece a unos y otras por igual y convierte en un juego interpersonal en el cual nadie gana y todos pierden.

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